viernes, 10 de enero de 2014

Ideas para crear una nueva economía basada en la vivienda con el objetivo de terminar con el paro




Análisis previo

La vivienda es la infraestructura personal básica sobre la que se asienta la sociedad moderna. En estos momentos se ha convertido en un serio problema económico y social. El fuerte incremento de los precios antes de implosionar la crisis financiera (2007) tuvo dos componentes esenciales: el deficiente funcionamiento de la Ley del Suelo, (Ley del Suelo y Régimen de Valoraciones 6/1998) y el crédito fácil de obtener gracias a la ficticia situación de solvencia de España al estar dentro del euro. Las viviendas construidas durante esta época incorporan el requerimiento de confort que demandaba el mercado, incluyendo en la demanda, no solo los compradores reales (para vivir), sino la de inversores, atraídos por unas plusvalías que parecían eternas. 

El resultado, casi 7 años más tarde, es un enorme stock de viviendas disponibles con grandes pérdidas potenciales para los compradores y financiadores, que además llevan incorporados una importante hipoteca energética y huella ecológica. Todo esto ha llevado a una situación de estrangulamiento casi completo del mercado, con un stock de más de tres millones de viviendas a la venta en España. 

El problema para solucionar este estrangulamiento es el conflicto de intereses existente. El hecho de haberse financiado en un alto porcentaje mediante créditos, hizo que la mayoría de las entidades financieras entraran en situación de quiebra técnica, requiriendo la intervención del estado en forma de rescate y mantenimiento de una legislación que hace tiempo ya demostró su capacidad para generar captura de rentas por parte del propio estado mediante impuestos, las compañías constructoras o de materiales y las empresas que dotan de servicios a estas viviendas, convirtiéndose en el mayor motor económico del modelo existente. 

Este conflicto de intereses para retener unas rentas que nunca más se podrán mantener está anteponiéndose al bien común o interés general, ya que existe un problema real que permanece o se ha incrementado tras el estallido de la burbuja: el precio de la vivienda sigue estando a un valor muy por encima de la capacidad adquisitiva de los compradores, a los que no se les permite beneficiarse de soluciones tecnológicas existentes que les permitirían tener que invertir menos dinero, vivir con menos costes y con un menor impacto en el medio ambiente.

¿Podríamos crear una nueva economía basada en la vivienda que sirviera de motor económico y que ayudara a terminar con el paro?

Creemos que sí. 

Vamos a intentar estructurar esta idea que consiste en crear una legislación especial dirigida a desempleados para que les permitiera autoconstruir sus viviendas en el entorno rural. 

La idea es atacar varias facetas de la crisis al mismo tiempo reutilizando recursos que ahora mismo se encuentran ociosos y probablemente continuarán en ese estado un largo período de tiempo, los parados y los núcleos rurales, de esta forma se activaría un desarrollo económico y social sostenible.

La legislación no debería tener medias tintas, tendría que ser audaz y ambiciosa, tocando todas las variables que influyen en la economía de la vivienda y estar dirigida directamente a los desempleados:
  • Medidas dirigidas a disminuir el precio del suelo: una bajada sustancial de precios solo puede ser posible con una regulación distinta sobre el suelo. Y¿ si se pudiera construir en rústico siempre y cuando se cuente con baja huella ecológica? Este tipo de construcción ¿no debería tener una exención fiscal por las externalidades medioambientales y dependencia energética que ahorra? El dinero que pierde el Estado en la construcción, lo gana al integrar ciudadanos en el circuito económico productivo.
  • Medidas dirigidas a bajar los costes de producción: y ¿si se pudiera autoconstruir sin los corsés del CTE (Código Técnico de Edificación)? ¿Y difundir conocimiento en autocontrucción?. ¿ Si hubiera suficientes proyectos en Codigo Libre que ahorran significativamente los costes de los monopolios técnicos? 
  • Medidas dirigidas a desarrollar un nuevo modelo de negocio: una vivienda puede servir de cobijo y al mismo tiempo tener su propio modelo de negocio, comenzando por producir las necesidades básicas para una familia (agua, energía, alimentos). Esto no es nuevo y ha sucedido desde el asentamiento del ser humano en el neolítico hasta la llegada de la era industrial. No hay nada más sostenible que trabajar menos por más, asociándonos con la naturaleza y sincronizándo nuestras necesidades con sus ciclos naturales. De nuevo en este ámbito se necesita la regulación del estado, ya que queda en un limbo de alegalidad muchas de las actuales opciones tecnológicas de autoproducción.
Con esta idea, cualquier ciudadano podría dispone de una vivienda digna, acabar con el paro y reactivar los núcleos rurales, creando un flujo económico de los pueblos a las ciudades y viceversa, algo que quedó roto completamente en la era industrial. Sin duda, la repoblación rural activaría un nuevo motor económico: la disminución del desempleo requeriría menos recursos para el Estado, posibilitaría la creación de una industrial auxiliar, la economía del conocimiento en este área, la necesaria repoblación rural y la reactivación de los mercados locales. 

Puede ser un excelente experimento para diseñar formas de vida sustentables reutilizando recursos ociosos (pueblos, suelo, parados) y preparar al mayor número de familias para crear un hábitat sostenible que permita acometer el importante cambio al que estaremos obligados por la escasez de recursos y el deterioro medioambiental, creando un valor sostenible a largo plazo. Una estrategia de este tipo tendría sentido experimentarla inicialmente en áreas geográficas que sirvan como laboratorio y escaparate, para poder escalarse de forma rápida si tiene éxito.








3 comentarios:

  1. Un londinense que quiera alquilar, por unos días, su casa en Camden Town, y de esa forma poder financiarse sus vacaciones en Europa, puede hacerlo sin ningún problema a través de Internet. Un mallorquín ahogado por su hipoteca, y que en verano quiera aprovechar la afluencia de turistas para alquilarla, se encontrará con muchos trámites y obligaciones legales.

    Si este mismo ciudadano de Londres se desplaza a Tokio por asuntos profesionales, y desea contratar un coche con conductor durante su semana de estancia, sólo tendrá que tirar de la misma aplicación móvil que utiliza en el Reino Unido para disponer de este servicio. Sin embargo, no podrá hacer lo mismo si viaja a Madrid.

    Estos son sólo algunos ejemplos de cómo los avances tecnológicos están propiciando la aparición de nuevos negocios basados en Internet y las aplicaciones móviles. De la mano de ellos, aparece una nueva generación de emprendedores tecnológicos, que está desestabilizando los modelos tradicionales y los marcos legislativos existentes.

    Estos modelos de negocio tienen un perfil disruptivo en sus áreas de actividad. La digital disruption es ahora, más que nunca, una oportunidad para unos y una amenaza para otros. Las potencialidades y oportunidades que ofrecen rompen, en muchos casos, el status quo y suponen una amenaza para los operadores cómodamente asentados, desde hace años, en muchos sectores.
    Uno de los principales problemas a los que se enfrentan las nuevas compañías, así como los fondos o business angels que estudian invertir en las mismas, es el de las barreras regulatorias con las que deberán lidiar. Una gran idea puede, por desgracia, tener un duro choque con el BOE.

    Sea en el sector turístico, en el del transporte o en el energético, la existencia de una regulación cautiva, enquistada desde hace años y adecuadamente compartimentada para no soliviantar los ánimos de unos u otros, no sólo perjudica a estos emprendedores y a los nuevos proyectos empresariales, sino que envía señales negativas al mercado y los inversores internacionales.
    Los fondos de inversión tecnológicos, padres de muchas de las empresas líderes a nivel mundial, muchas vecen no tienen más remedio que descartar a nuestro país en sus planes de expansión internacional.

    Y lo que es peor, nuestros emprendedores locales saben que sus ideas innovadoras y, en muchos casos, disruptivas, no tendrán futuro aquí. Son conscientes de que todas esas startups tienen más oportunidades de crecer y desarrollarse en otros países, no sólo por unas mejores condiciones de incubación del proyecto, sino porque el campo de pruebas para sus inicios va a estar mejor abonado y no encontrará tantos obstáculos regulatorios.

    Los que trabajamos en el asesoramiento institucional y los public affairs sabemos lo difícil que es romper estas barreras regulatorias, que en el caso español se complican todavía más por el reparto de competencias entre los distintos niveles de la Administración.

    Javier Valiente

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  2. Siempre estoy aprendiendo, gracias a blogs que aportan valor, Gracias!

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