sábado, 24 de mayo de 2014

Notas sobre el sistema productivo agrícola y ganadero


"El mito del crecimiento y progreso sin fin, mostró sus primeras fisuras durante la década de los setenta, por sucesos que bien advirtieron la amenaza en puerta para los sistemas industriales. En 1970, la producción petrolera de EEUU (por aquél entonces el más grande productor del mundo) llegó a su cenit histórico. En este tiempo surgieron fuertes cuestionamientos acera del modelo de crecimiento perpetuo y la sustentabilidad de la civilización industrial.

Sin embargo, en los años ochenta, la imposición del modelo neoliberal, a la par del colapso del bloque socialista y la revolución informática, inyectaron al mundo occidental otros treinta años de crecimiento económico y un consumismo cada vez más voraz y desenfrenado (a costa de los recursos naturales y ecosistemas al nivel global), silenciando temporalmente el grito de las evidencias que advertían limites al crecimiento, consumo y expansión. Durante los años noventa, el consenso científico emergente en torno al cambio climático, inicia un nuevo debate en relación con el impacto de la civilización industrial, ahora no tanto por límites de recursos, sino motivado por los límites del sistema terrestre para absorber los desechos de la expansión humana.

Finalmente, durante la primera década del nuevo milenio, crece la evidencia de una crisis sistémica, energética y ecológica al mismo tiempo, la cual a su vez representa una seria amenaza para los sistemas industriales dependientes de combustibles fósiles y climas estables, incluyendo los que tienen que ver con la producción de alimentos: la energía barata es el ingrediente básico para elaborar los fertilizantes, herbicidas, pesticidas, para operar tractores y demás maquinaria, para cosechar, almacenar, procesar y distribuir los productos a través de los mercados globales. Además, el sistema de agricultura en campos de cultivo, depende de patrones climáticos estables y confiables, algo que tampoco tenemos garantizado en el futuro. Los aumentos considerables que hemos observado recientemente en los precios de los alimentos, son los primeros signos de una crisis alimentaria directamente relacionada con el cambio climático y la crisis de recursos".
Tierramor, México




Los problemas del sistema productivo alimentario industrial

En el mundo, desde 2005, por primera vez en la historia, vive más gente en las ciudades. En el proceso de emigración global del campo a la ciudad comenzado tras la segunda guerra mundial, pueblos, saberes, culturas y formas de vida desaparecen bajo el rodillo de la civilización, mientras el sistema productivo al completo sufre una profunda transformación.

En 1960, en España, los sectores primario y secundario suponían más de un 60% del PIB, y hoy suponen el 29%. En 1960 la agricultura ocupaba al 42% de la población y hoy al 5% Pero con una superficie cultivada similar a la de los 60, hoy se produce varias veces más que entonces con varias veces menos trabajadores (se produce al menos 20 veces más por trabajador), pero esa agricultura que ha multiplicado su producción hoy aporta al PIB un 3% y en 1960 un 22%

Gracias al aumento de la productidad, el hombre se alimenta en estos momentos a bajo coste económico, aunque a uno muy alto mediobamientalmente hablando. A lo largo del Siglo XX y lo que va del Siglo XXI se ha producido la mayor destrucción de la biodiversidad agrícola construida a lo largo de 12 mil años de agricultura, con una pérdida del 75% de ella. La agricultura industrial es la principal responsable, según las cifras de la FAO. Desde los comienzos de la agricultura se han cultivado o recogido más de 7.000 especies de plantas para la obtención de alimentos, muchas de ellas, con miles de variedades, que han sido recreadas en el diálogo de los seres humanos con la naturaleza. En la actualidad únicamente 30 cultivos proporcionan el 95% de los alimentos del ser humano, y tan sólo cuatro de ellos – el arroz, el trigo, el maíz y las patatas suministran más del 60 %.

La ganadería campesina y familiar ha realizado una contribución de más o menos 4.500 razas a partir de 40 o más especies animales y desarrolladas durante los últimos 12.000 años. Estas razas representan al conjunto remanente de diversidad genética animal, que debería suplir las demandas alimentarias futuras. Informaciones recientes sugieren que el 30% de las razas del mundo están en peligro de extinción. La causa principal es el avance brutal de sistemas de producción industrial que se basa en apenas tres especies (vacas, cerdos, gallinas) y que ocupan territorios, contaminan el ambiente, generan nuevas enfermedades, amenazan a razas criollas y a los seres humanos.




La inmensa diversidad acuática en mares y ríos, es el principal sustento para la pesca artesanal. Por miles de años ha estado produciendo alimentos para los pueblos de manera sustentable, y se encuentra seriamente amenazada por el avance de sistemas industriales de pesca que han arrasado con la diversidad acuática. Hoy el panorama nos muestra que más del 50 % de las poblaciones marinas mundiales están completamente explotadas, un 17 % sobreexplotadas y un 8% agotadas debido al uso abusivo. La producción de las pesquerías de aguas continentales se ve a menudo afectada por la pesca intensiva pero también, y es más importante, por el efecto de la degradación ambiental y la modificación de las cuencas fluviales, que afectan a la capacidad de la producción pesquera y a la biodiversidad.

Finalmente los bosques, ríos, selvas, montes, praderas y otros ecosistemas naturales, que dan sustento a miles de comunidades de pueblos indígenas, recolectores y campesinos en el mundo, están sufriendo un severo ataque por el avance del modelo descrito. Cada año se pierden 13 millones de hectáreas de bosques, principalmente por su conversión a otros usos de la tierra. Toda esta destrucción se haya profundamente vinculada y está relacionada con un sistema productivo parece perder el rumbo.

Pero no solo el aumento de la productividad ha sido el motor de la expansión del modelo industrial, también las leyes del mercado y las subvenciones públicas benefician a las grandes explotaciones. Se han multiplicado los gastos (maquinaria, semillas, agroquímicos...), pero no lo que las agricultoras cobran por sus productos. En el Estado español, un millón de explotaciones familiares han desaparecido desde la entrada en la UE. En los cuarenta, el 70% de la población vivía de la agricultura, hoy sólo lo hace el 7%. 

La plusvalía del negocio en el sistema agro-industrial queda principalmente en manos de unas grandes corporaciones que venden la casi totalidad de las semillas, agroquímicos, piensos, medicamentos, semen... y luego compran, distribuyen y venden la mayoría de los alimentos. Imponen a agricultoras qué y cuanto producir, precios de compra... Hoy lo normal es comprar semillas de variedades “híbridas”, muy productivas y estandarizadas (forma, tamaño), y que se adaptan bien a la mecanización. Algunas son estériles (producen semillas no replantables), otras veces el contrato obliga al agricultor a no replantar.

Los transgénicos o Organismos Modificados Genéticamente (OGM) han sido creados modificando sus genes o cruzando especies diferentes, naturalmente inmezclables. Una de cada ocho semillas cultivadas en el mundo ya es transgénica (en el España hay 75.000 hectáreas cultivadas de maíz trangénico). La principal virtud de más de la mitad de las variedades creadas (las más vendidas), es resistir mejor los herbicidas –en concreto el de la marca de la misma empresa que vende la semilla– para poder echar más (más del doble) y así combatir “mejor” las plagas. 

Las semillas industriales (sean híbridas o transgénicas) tienden a contaminar cultivos cercanos (y no tan cercanos, pues viento y pájaros difunden su polen) y a hacerse hegemónicas amenazando a la biodiversidad. Variedades transgénicas han contaminado en Navarra, Aragón y Cataluña cultivos ecológicos, y las productoras no reciben indemnización ni pueden vender la cosecha como ecológica. 

Si las agricultores a menudo cobran lo mismo que hace 10 o 20 años y tienen mayores costes ¿quién se lleva la diferencia? Los grandes supermercados cobran los productos a una media del 403% del precio al que los compran. Siete empresas (Carrefour-Dia-Champion-Plus, Mercadona, Eroski, Auchan-Alcampo-Sabeco, El Corte Inglés, Caprabo y Lidl) venden el 75,5% de los alimentos en el Estado español (el doble que hace 10 años).

Para entender la dimensión de la cadena productiva, solo hay que ver que el 30% del total de transporte de mercancías se emplea en transportar alimentos.

El sistema productivo alimentario ha desestacionalizado la producción, concentrándola en la gestión de pocas variedades. Compramos alimentos menos sanos y sabrosos, pero a cambio no hay que esperar a la temporada, ganamos en comodidad (frutos grandes, limpios y envasados, precocinados, sin pepitas), imagen (más brillo, menos manchas...), en “salud” (fibra, calcio, omega 3... añadidos)... ¿Variedad? Hace unas décadas, en cada región encontrábamos unas cuantas variedades de manzanas (en el Estado español hay 1.550 catalogadas), ahora menos de diez están en casi todos los campos y tiendas, de Irún a Cádiz, de enero a diciembre. Razas ganaderas y cultivos que se adaptan mejor al clima y terreno local (y necesitan menos agua, pesticidas) desaparecen por su “menor productividad”. Los animales alimentados con piensos transgénicos (la mayoría) nos dan carne, huevos, lácteos... que no están obligados a etiquetarse como “animal alimentado con transgénicos”. La mayoría de los piensos convencionales contienen soja y maíz transgénico.

La pérdida de biodiversidad es muy visible en la ganadería. La cabaña ganadera en España la componen hasta 185 razas diferentes, de las cuales 158 son razas autóctonas. Lo que ocurre es que 129 de ellas se encuentran en peligro de extinción; es decir, únicamente se salvan sin lugar a dudas 29 razas autóctonas. No sólo nuestras razas autóctonas entraban en peligro de extinción sino que perdíamos paulatinamente ejemplares autóctonos de ganado aviar, ovino, bovino y caprino de gran resistencia, alta rusticidad y adaptados a nuestro hábitat. Para los ganaderos, la producción de una de estas razas autóctonas no resulta competitiva. El mercado y el consumo vinculado a él desprecian una producción limitada, aunque sea de calidad. 

La ganadería industrial se ha convertido en un fuente principal de contaminación. No sólo porque “necesita” transporte intercontiental de pienso. Mucho ganado en poco terreno genera además grandes concentraciones de orines y estiércoles (en el Estado español 92 millones de toneladas al año, 6 veces más que los residuos urbanos) que tierra y aguas no pueden absorber. Las aguas subterráneas del noroeste de Segovia está contaminadas por los resíduos de la ganadería industrial. En Cataluña hay unos 10 millones de cerdos, por los que 26 de sus 41 comarcas tenían en 2002 problemas de contaminación de aguas. 

El sistema productivo para alimentar al ganado se basa en los piensos. España importa unos 6 millones de toneladas de soja al año. El 92% se dedica a piensos para el ganado (el resto a aditivos para alimentos y a alimentos de soja). Por ejemplo, si Cataluña tuviera que producir toda la que consume su ganado, los cultivos ocuparían la mitad de su superficie. En países con problemas de hambre como Brasil, el 23% de las tierras de cultivo (50% en Paraguay) se destinan a soja para la exportación para piensos. En 1984 En Etiopía morían de hambre cada día miles de personas mientras se exportaban a Europa toneladas de semillas de linaza, algodón y colza para el ganado. El excesivo consumo de carne ayuda a morir, de hambre en el Sur y de ateroesclerosis en el Norte.

En términos energéticos, los combustibles fósiles es el recurso no renovable que alimenta toda la agroindustria, situación que ha entrado en declive energético ya que viene produciéndose una progresiva disminución de la relación energía obtenida/energía utilizada en su producción. La agricultura industrial española gasta 1,25 calorías para obtener 1 caloría de alimento. La estadounidense 10. La tradicional castellana producía 20 calorías por cada caloría gastada.

El argumento más esgrimido para defender la agricultura industrial es la sobre-población. Estudios publicados en los últimos años, como los informes de Olivier de Schutter, relator especial de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación, y del IAASTD señalan sin ambigüedades la alta capacidad productiva de la agricultura campesina y ecológica, igual o superior, dependiendo del contexto, a la agricultura industrial. Al mismo tiempo, consideran que ésta permite un mayor acceso a los alimentos por parte de las personas, al apostar por una producción y una comercialización local, y además, con sus prácticas, respeta, conserva y mantiene la naturaleza. El “mantra” de que la agricultura industrial es la más productiva y la única que puede dar de comer a la humanidad, se demuestra, en base a estos estudios, totalmente falso.

En realidad, no solo la agricultura campesina y ecológica puede alimentar al mundo sino que es la única capaz de hacerlo. No se trata de un retorno romántico al pasado ni de una idea bucólica del campo sino de hacer confluir los métodos campesinos de ayer con los saberes del mañana y democratizar radicalmente el sistema agroalimentario.




Recordando el sistema tradicional

El campo de antes, aunque fuese porque no había otras posibilidadesproducía de manera ecológica:
  • Diverso y local. Cultivos, frutales y ganado diverso cubrían muchas de las necesidades de la casa. Los excedentes se vendían (sin intermediarias o con pocas) en mercados cercanos aportando algo de dinero.
  • Poca carne, huevos y lácteos. Su consumo se valoraba como se merece, al tenerse conciencia directa del trabajo y los recursos que cuesta producirlos.
  • Ganadería muy extensiva. A más pasto, menos trabajo (segar hierba, cultivar maíz...).
  • Sistemas mixtos agro-ganaderos. El campo y el ganado se alimentaban mutuamente. Los animales daban estiércol y purines para la tierra, y alimentos y pieles para las personas. Para los animales, restos de comida de casa, pastos, forrajes y cereales autocultivados, y paja de mala calidad y matorral de limpias (para sus “camas”).
  • Productos de temporada. El producto fresco de temporada tiene muchas ventajas: es más saludable, tiene más vitaminas y minerales sin ingredientes ocultos (grasas vegetales, azúcar y sal, aditivos); y es más ecológico pues necesita menos conservación (química, cámaras frigoríficas, envases) y menos métodos industriales de cultivo (invernaderos, más riego y plaguicidas...).
  • Percepción de las temporadas y el climaEstamos perdiendo el encanto de esperar con ilusión las temporadas de los alimentos, y el conocimiento de nuestro entorno y su clima. Perdemos la consciencia de depender de una naturaleza con ritmos y límites, interiorizando una peligrosa sensación de omnipotencia de los seres humanos.
  • Generador de biodiversidad. Consumir variedades locales fomenta la agrodiversidad y cultivos adaptados al entorno. Tradicionalmente, los agricultores han cruzado variedades locales para conseguir especies más productivas y mejor adaptadas al medio. De una cosecha se recogía semilla para la siguiente.


La nueva agricultura ecológica

Hoy, con este patrimonio tradicional muy deteriorado, nuevos movimientos intentan recuperar maneras sostenibles de producir y vender comida. La actual Política Agraria Común (PAC) de la UE dedica la mayoría de sus millonarias subvenciones a fomentar a las explotaciones más grandes y los cultivos para exportación (el 20% de las explotaciones se llevan el 80% de las subvenciones). Hay que conseguir que la prioridad sea fomentar la agricultura ecológica y el comercio local, y que la agricultura y ganadería industrial y la industria alimentaria paguen sus costes ecológicos y de salud. 

La agricultura y ganadería ecológica, también llamada biológica u orgánica, se desarrolla a
partir de los años sesenta como respuesta a los excesos de la agricultura industrial. Combina la formación científica con el saber tradicional para producir alimentos sanos y de calidad, respetando el medio ambiente y el bienestar animal.

Además de no contener residuos de agroquímicos y medicamentos, los alimentos ecológicos saben mejor. Por ejemplo, las frutas y verduras producidas tienen de promedio un 15% menos de agua (más sabor y nutrientes). Se trata de un tipo de ganadería y agricultura menos productivo pero más eficiente. Un estudio danés reveló que la agricultura industrial es más productiva (produce 1.500 coronas más por hectárea), pero sus costes también son más altos (4.900 coronas más por hectárea). Dinamarca ha decidido que en 2015 toda su producción agraria sea ecológica por considerarla más rentable económica y ecológicamente. En 2002, cuando la media europea andaba por el 3%, ya lo era un 6,5% de su agricultura y el 22% de su leche.

En el Estado español hemos pasado, de 1991 a 2007, de 4.000 a 17.000 hectáreas dedicadas a la agricultura orgánica y de 396 a 17.000 explotaciones.

La agricultura ecológica utiliza rotación de cultivos, abonos orgánicos (estiércol, compost - descomposición de residuos orgánicos-, restos de comida, de limpias..., abono verde (plantar leguminosas u otras plantas que “atrapan” nitrógeno, cortarlas y dejarlas incorporarse al suelo), técnicas naturales de control de plagas y malezas (acolchados, plantas, fomentar la presencia de depredadores naturales –lagartijas, mariquitas, pájaros–).

La ganadería ecológica utiliza razas ganaderas autóctonas que pastan al aire libre siempre que el clima lo permita (hay un mínimo de metros cuadrados de pasto y establo por animal), forrajes y piensos ecológicos (preferentemente autoproducidos en la misma explotación, máximo 40% de la dieta en forma de pienso), medicinas a base de plantas y productos homeopáticos, transportes reductores del estrés...

Ambas evitan la cercanía de fuentes de contaminación, el uso de productos químicos de síntesis (abonos, pesticidas, hormonas, aditivos), variedades transgénicas, radiaciones ionizantes, leche en biberón o en polvo, medicamentos de síntesis (salvo bajo supervisión del veterinario cuando otros remedios han sido ineficaces), atar a los animales (salvo excepciones), sistemas de estimulación eléctrica y tranquilizantes para el transporte.

Podemos destacar una serie de ventajas de la agricultura orgánica: 
  • Produce alimentos saludables, ricos en nutrientes y sabrosos.
  • Protege la salud de los agricultores.
  • Fertiliza la tierra y frena la desertificación.
  • Favorece la retención del agua y no contamina los acuíferos.
  • Fomenta la biodiversidad.
  • Mantiene los hábitats de los animales silvestres.
  • No despilfarra energía.
  • Preserva la vida rural y la cultura campesina.
  • Es socialmente más económica.
  • Permite una verdadera seguridad alimentaria.
  • Impulsa la creación de puestos de trabajo.
  • Devuelve al campesino la gestión de sus tierras, sin dependencias.
Algunas ideas para ecolucionar hacia otro tipo producción agraria más orgánica: 
  • Diversificando. Algo de verdura, miel, huevos, conservas vegetales, fruta... evitamos las grandes inversiones y no cargamos todo el peso en una sola área, minimizando las consecuencias de plagas, mal clima, falta de éxito.
  • Producir calidad más que cantidad. El beneficio puede venir a través de la diferenciación (buscar clientela concienciada, producir con sello ecológico o denominaciones de origen o de calidad...).
  • Buscar vías directas de comercialización como mercados, cooperativas y grupos de consumo. O semi-directas como vender a través del pequeño comercio como único intermediario.
  • Compromisos mutuos productoras-consumidoras pueden aportar estabilidad, y la relación directa puede hacer que la confianza mutua nos ahorre la necesidad de sellos y burrocracias varias que dan trabajo y encarecen precios.
  • Reducir costes. En ganadería, aprovechando al máximo los pastos y, autoproduciendo forrajes y piensos, recogiendo restos agrícolas de explotaciones cercanas, alimentarios de casas, restaurantes, panaderías... En agricultura, autoproduciendo planta, semillas, abono... 
  • Riego. Sistemas eficientes como el riego por goteo permiten ahorrar hasta el 60% de agua.
  • El “bioplástico” biodegradable es una alternativa más ecológica para ensilados, invernaderos...
  • Tractor. Cambiar inyectores cada 3.000-4.000 horas y filtros cada 400-500. Se puede reducir el consumo hastaen 2-3 litros. 
  • Compartir recursos como tractores, cosechadoras... Entre conocidos o a través de uniones formales como las CUMA (cooperativas de utilización de maquinaria agrícola). Hay más de 1.000 en el Estado español. 




Selección de enlaces sobre agricultura orgánica

Libros





1 comentario:

  1. España se autoabastece de pescado hasta mediados de año. A partir del. mes de junio tiene que importar para abastecer al mercado.

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