miércoles, 10 de agosto de 2016

Huella ecológica y Overshoot Day




“No tenemos sueños baratos”, dice el anuncio.

Pensar que la humanidad puede llegar a vivir como los que mejor viven en Luxemburgo, demandando servicios ecológicos que no serían capaces de proporcionar 19 Tierras enteras, no es un sueño barato; es una quimera que puede llevarnos a vivir en muy poco tiempo la peor de las pesadillas.

La abundancia que aparentemente se observa en los países de mayor desarrollo se debe a una sobreexplotación de los recursos naturales que procede de (1) limitar el desarrollo de los países más pobres y (2) de explotar más allá de lo tolerable, el hasta hace muy poco rico, fértil y diverso planeta Tierra. Si la primera de estas dos razones demuestra una más que evidente falta de solidaridad entre estados y sociedades, la segunda es una clarísima ausencia de compromiso para con las generaciones venideras. Ambas son producto de una muy extrema cortedad de miras.

En no pocas ocasiones se ha llamado la atención sobre la inminencia del colapso civilizatorio en el que nos adentramos y de su irreversibilidad, apuntando como causa los severos daños que la actividad humana producen sobre el medioambiente y la explotación de recursos críticos más allá de su capacidad de renovación de un planeta que querámoslo o no, es finito. La sobreexplotación de recursos se refiere a la atmósfera, los ríos y lagos, los océanos, el suelo y especies vivas.

Se han propuesto acciones que permitirían minimizar este impacto y preservar la integridad de los recursos de los que nosotros mismos y los demás seres vivos que habitan la Tierra, dependemos. La reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y muy especialmente del CO2, a través de una drástica disminución del consumo de combustibles fósiles y, eventualmente, de la descarbonización de la sociedad, se ha marcado como objetivo prioritario. Pero no es suficiente. Se necesitará también frenar la deforestación del terreno, proteger de la erosión las tierras cultivables y preservar la biodiversidad del planeta. Se necesitará también detener el crecimiento de la población.

Queda, por último, incrementar la equidad, tanto entre sociedades como dentro de una misma sociedad. No está claro que la inequidad sea un factor relevante a la hora de explicar el colapso de las civilizaciones, pero es seguro que lograr amplios niveles de igualdad no solo es una cuestión de justicia. Es, ante todo, el modo más efectivo de impedir la violación de los derechos humanos por parte del Estado, el fin de la impunidad y la garantía de que, en su probable deriva hacia el colapso, las sociedades sean menos propensas a sufrir formas de gobierno totalitarias.

Extractos de la entrada No tenemos sueños baratos





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